Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de la Macarena

𝐈𝐍 𝐌𝐄𝐌𝐎𝐑𝐈𝐀𝐍

En la tarde de ayer, 𝑭𝒆𝒔𝒕𝒊𝒗𝒊𝒅𝒂𝒅 𝒅𝒆 𝑵𝒖𝒆𝒔𝒕𝒓𝒂 𝑺𝒆ñ𝒐𝒓𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝑪𝒂𝒓𝒎𝒆𝒏, a la hora de la celebración eucarística en Su honor en la 𝑷𝒂𝒓𝒓𝒐𝒒𝒖𝒊𝒂 𝒅𝒆 𝑺𝒂𝒏 𝑮𝒊𝒍, partió a la casa del Padre Nuestro Hermano Mayor Emérito 𝑫𝒐𝒏 𝑬𝒎𝒊𝒍𝒊𝒐 𝑨𝒍𝒎𝒆𝒏𝒂𝒓𝒂 𝑪𝒂𝒔𝒕𝒂ñ𝒐, número 6 de esta institución. Galón de oro en mayúsculas por su impronta de hacer llegar la devoción de la Virgen del Rocío a todos sus hermanos.

En silencio, siempre con el rostro limpio de vanidades, hombre robusto en la presencia y débil en el corazón, nos enseñó con su ejemplo, desde nuestra fundación, cómo debía ser el camino hacia la Virgen.

Hermano Mayor de a pie, pero grande en su zancada de fe, llegó a reunir en un café de las cinco a los hombres de la Virgen, entre ellos a su buen amigo don Pedro Rodríguez Villa, eterno guardián de la 𝑷𝒂𝒕𝒓𝒐𝒏𝒂 𝒅𝒆 𝑨𝒍𝒎𝒐𝒏𝒕𝒆 y al que le hablaba en nuestros orígenes, con el corazón abierto y la mano extendida, del pedacito de Rocío que se respiraba en el 𝑩𝒂𝒓𝒓𝒊𝒐 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝑬𝒔𝒑𝒆𝒓𝒂𝒏𝒛𝒂. Por aquel entonces, ya era una realidad que se propagaba con ocho letras verdes y oro con el bordado de María Santísima.

Se nos va el esposo de Mercedes, padre y tío de hermanos muy queridos y el amigo veterano que nos esbozó una medalla de Garduño en la antigua Casa de Parras.

Siempre en un presente continuo de su memoria estuvieron cada puntada del Simpecao de la Hermandad del Rocío de la Macarena. Tuvo la gloria de ser uno de los padres emocionales que llevaron a sus hijos a cruzar un Ajolí de madera, una presentación de sábado ante la Virgen y merecedor de un galón de oro marcado para siempre.

Nos deja en nuestro legado inmaterial aquella mirada dedicada de 𝑺𝒂𝒏 𝑱𝒖𝒂𝒏 𝑷𝒂𝒃𝒍𝒐 𝑰𝑰 al Simpecado de Nuestra Hermandad, mientras él lo portaba y en nuestro nombre. Un Simpecado elevado hacia el cielo pero con la vara en el suelo, altar andante y Salve de la Virgen. Ayer inició su último camino y para siempre. En sus manos las manos de todos y en el corazón de esta Casa de Hermanos de la Virgen del Rocío su paso por este mundo.

En su rectitud, la categoría de una Hermandad que lo recordará para siempre y lo tomó como referencia para velar por el rigor.

Las personas pasamos por la vida como meros instrumentos de la Madre Iglesia, pero las hermandades permanecen. La Nuestra quedará con su nombre grabado en su alma y en nuestra capilla su historia de amor con la Virgen del Rocío desde nuestro Barrio y sus oraciones por Nuestra Casa de Fe desde su concepción.

Que la Virgen del Rocío le acoja en Su Gloria Marismeña, bajo Su mirada y la de Su Divino Pastorcito.

Siempre Nuestro y Hermano Mayor Emérito, Don Emilio Almenara, H𝒐𝒎𝒃𝒓𝒆 𝒅𝒆 𝒍𝒂 𝑽𝒊𝒓𝒈𝒆𝒏.

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